Panamá Mi Finquita – Lote 111
Mi Finquita
Para llegar a Mi Finquita hay que recorrer unos cinco kilómetros de carretera de montaña sin asfaltar salpicada de piedras y guijarros, pasando junto a pequeñas parcelas rurales unifamiliares aisladas, entrando en una vegetación cada vez más densa.
Al llegar te encuentras en un lugar hermoso y remoto, donde la caficultura es parte de un entorno boscoso exuberante y comprendes que aquel lugar, con aquella altitud, frescor y aire puro es un paraíso para que un excelente caficultor consiga extraer de la tierra cafés sin parangón.
Estamos en Mi Finquita, un proyecto creado en 2005 por los caficultores y agrónomos de larga trayectoria Ratibor Hartmann y su esposa Tessie. Ratibor es uno de los hermanos de la saga familiar propietaria de la reconocida Finca Hartmann, así que el café corre por sus venas y como se nota! Su respuesta a la creciente demanda del sector del café de especialidad y en concreto a la de lotes de altísima calidad fue el proyecto Mi Finquita, su sueño hecho realidad.
La finca se encuentra en Los Pozos y sus alrededores, entre 1.650 y 1.900 metros. Sembradas y en producción variedades como Caturra, Bourbon, Geisha, Typica, Chicho Gallo, AR 36, Pacamara y Maragogype entre otras. El clima es tropical suave, con temperaturas de hasta 4°C por la noche y, a veces, incluso heladas y hielo. Las medias anuales son de 18 °C durante el día, 15 °C por la mañana y un máximo de 26 °C por las tardes durante el verano.
Ratibor explica que “es una zona privilegiada. Aunque en el pasado hubo plantaciones de café, no era una región ampliamente reconocida. Sin embargo, buscamos un terruño muy especial. Esta zona tiene una fuerte influencia geotérmica debido a la presencia de aguas termales y a una alta concentración de minerales. Su proximidad al volcán Barú ha enriquecido el suelo con ceniza volcánica tras sus erupciones. Además, la proximidad a la Cordillera Central nos expone a la influencia del mar Caribe y el océano Pacífico. Esto significa que recibimos vientos y lluvias cargados de minerales de ambas costas, lo que aporta características únicas a nuestros cafés.”
Tessie y Ratibor han elegido este lugar mágico para plantar sus parcelas de geishas, al que se accede caminando por un arroyo alimentado por aguas termales llamadas Los Pozos. Aquí, donde todo es calma y serenidad, los pequeños cafetos son acunados por una suave brisa marina, que regula la temperatura y crea condiciones óptimas para el crecimiento de las geishas. Las instalaciones de fermentación, secado y laboratorio están a la vanguardia de los cafés de especialidad actuales, y está claro que la ambición de padre e hija es ir aún más lejos en lo que este terroir panameño puede ofrecer a nuestros sentidos.
En la producción de sus cafés tienen en cuenta la necesidad de diferenciarse en un mercado tan competitivo como el del café de especialidad, y más allá de producir cafés lo llaman «diseñar» cafés, aplicando métodos de fermentación científicos, tradicionales o innovadores, siempre teniendo en cuenta las necesidades y deseos de los clientes. El resultado es una serie de lotes limitados de café de especialidad, con perfiles de sabor exóticos.
La gestión de todas las explotaciones se realiza en armonía con el medio ambiente, utilizando productos ecológicos en cantidades mínimas y solo en casos necesarios.
Este enfoque permite que cada cosecha revele múltiples interpretaciones del mismo paisaje, ofreciendo a los compradores una diversidad de perfiles moldeados por la altitud y el microclima.
Varietal
En la cata que hicimos con ellos en la misma finca nos llamó la atención 2 lotes de Caturra lavado (números 75 y 99) y otro de natural (número 111).
Caturra es una de las variedades clásicas y emblemáticas del café panameño ocupando un lugar importante en su paisaje cafetalero. Aquí Caturra crece en los suelos ricos y bien drenados cargados de nutrientes como el fósforo, calcio, potasio y el magnesio a la vista del activo volcán Barú.
Como su altura predilecta es entre los 1.200–1.900 encuentra en las tierras altas de Panamá un lugar ideal. A esta gran altitud se reduce la producción por cafeto, pero por el contrario el grano es muy denso y cargado de azucares que son los precursores de aromas y sabores muy elegantes de gran dulzura y complejidad.
También el efecto “Bajareque” ayuda en este sentido. Es una llovizna muy fina, suave y persistente que cae principalmente en las regiones montañosas y tierras altas, principalmente en Boquete y cuyas gotas son tan pequeñas y ligeras que parecen flotar o suspenderse en el aire en lugar de caer como lluvia común protegen a todas las variedades cultivadas en la región de la potente radiación solar forzando al fruto a madurar más lentamente.
24 € – 96 €
Envío gratuito a partir de 40€ de compra. (Península y Baleares)