Panamá Hartmann
Hartmann
En el mundo del café, Hartmann es un apellido reconocido por su visión, método y café de alta calidad siendo una de las pioneras en la producción de cafes de especialidad en Panamá.
Llegamos a Finca Hartmann a media mañana. Nos hacía mucha ilusión ya que hemos tenido muy buenos cafés de esta finca varias añadas en Cafés El Magnífico. Desde el primer momento nos encontramos con una acogida muy cercana: buena parte de la familia Hartmann estaba allí, incluido el señor Allan Hartmann, esposa, hijas y sobrinas. Fue una visita que nos permitió acercarnos no solo a sus cafés, sino también a las personas y a la historia familiar que hay detrás de la finca.
Empezamos con las catas y, a lo largo de la jornada, pasamos por cinco mesas con doce cafés en cada una: alrededor de sesenta muestras. Fue una oportunidad fantástica para probar una gran variedad de cafés, comentarlos y compartir impresiones sobre ellos con la familia.
Uno de los momentos más especiales llegó después de comer, cuando salimos a recorrer la finca. Nos enseñaron distintas zonas mientras nos explicaban la historia de la finca, la trayectoria de la familia y el trabajo de la familia Hartmann.
Durante el recorrido también nos hablaron de la fauna autóctona (por cierto, se puede visitar la colección entomológica del señor Ratibor Hartmann Sr. en una de las oficinas, que contiene tarántulas gigantes, escorpiones, varias serpientes, escarabajos dorados e incluso uno de los escarabajos más grandes del mundo, el escarabajo Hércules de las Antillas) y del entorno natural, y de cómo trabajan teniendo en cuenta la naturaleza que los rodea. Fue una parte muy interesante de la visita porque ayudó a entender que en Hartmann hay mucho más que el proceso de producción: una forma de trabajar vinculada al paisaje.
Al terminar el recorrido, volvimos a una zona cercana a la casa familiar para catar algunos cafés más. Esta segunda sesión nos permitió centrarnos en otras muestras y seguir intercambiando impresiones.
Manejo agronómico y renovación de los cafetales
Durante el recorrido también pudimos conocer en detalle como manejan el cafetal. Nos explicaron que están reorganizando las parcelas y que prevén mantener alrededor de dos hectáreas de Maragogipe, además de unas seis hectáreas de Chicho Gallos. En esta última zona están probando una nueva forma de poda para evaluar los resultados antes de decidir cómo aplicarla a mayor escala.
Así, están practicando un manejo más exhaustivo, cuidadoso y, en buena parte, biológico. La idea que nos transmitieron es que plantar un cafeto no basta: necesita atención, seguimiento y unas condiciones adecuadas para desarrollarse bien. Con las podas de rejuvenecimiento están logrando obtener la primera cosecha ya en el segundo año. Es un cambio significativo que refleja la importancia de combinar la renovación de los cafetales con un manejo constante y orientado a la salud de las plantas.
Finca Hartmann nos dejó una impresión imborrable por lo completa de la experiencia, tanto a nivel humano como por sus cafés y el recorrido por el bellísimo entorno natural y el cafetal. Fue una jornada muy cercana y enriquecedora, sobre todo por la oportunidad de compartir tiempo con la hospitalaria, laboriosa y encantadora familia Hartmann. Nos hemos prometido volver.
De Hartman elegimos y tostaremos 60 kilos de uno de los varietales tradicionales de la finca, un Catuaí. El beneficiado elegido es el de proceso natural que empieza en bancales elevados después de la recolección de los frutos maduros. Los Hartmann ponen mucho cuidado en que ni una sola gota de agua toque las cerezas entre que llegan del campo y se colocan en los bancales ya que el agua desprendería el mucílago de la piel y granos y por ello sus azucares no se transferirían tan bien a los granos como si se hubieran mantenido secos. Dependiendo de las condiciones climáticas se van a secar en exterior durante 12 a 17 días hasta alcanzar el 14% de humedad momento en el cual se transfieren a secadoras mecánicas para alcanzar el 11-11.5%.
Esperamos disfrutéis de su textura cremosa, nitidez que permite apreciar el varietal, su complejo aroma afrutado (melocotón, ciruela, moras) y esa dulce sensación avainillada como recuerdo.
Para conocer mejor la historia, familia y la finca:
Su historia cafetera se remonta a Alois Strasil Hartmann, nacido en 1891 en la región de Moravia, que en aquel tiempo era parte del Imperio Austro-Hungaro. Alois llegó a Panamá en 1910 en busca de aventura y nuevas oportunidades donde acabo teniendo años más tarde dos fincas en parte sembradas con café.
Para la plantación de café compró 500 hectáreas al gobierno panameño y donó 100 hectáreas de esta tierra con bosque virgen a uno de sus hijos, Ratibor Hartmann, que trabajaba con el ejército estadounidense en Ciudad de Panamá y convirtió esas tierras en la finca cafetera Finca Hartmann. En 1966 Ratibor se casó con Dinorah Sandí, de Costa Rica. Juntos criaron a 5 hijos: Ratibor Jr., Allan, Alexander, Aliss y Kelly.
Hoy en día, Finca Hartmann es una empresa familiar: cada miembro de la familia está apasionadamente involucrado en la gestión y desempeña una función diferente en el crecimiento, la producción y el turismo de la finca. Para ellos, el café es una forma de vivir, su cultura, su familia: mucho trabajo, pero también mucho amor.
Finca Hartmann es el único proyecto conjunto de la familia. Desde el complejo familiar, que incluye casas, oficinas, una planta de beneficiado y algunas cabañas para huéspedes, subiendo la montaña también cultivan café en: Santa Clara, Finca Momoto (de Aliss), Campamento, Chicho Gallo (llamado así por Ratibor Sr – su apodo era ‘Chicho’), Ojo de Agua, Enders, Rocky Mountain ( de Allan ), Manantial y Finca Guarumo (de Allan y Ratibor Jr.). Además Tessie y Ratibor Hartmann poseen Mi Finquita, que se encuentra en una zona diferente de la región.
«Desde el principio, desde que mis padres empezaron con esta finca, han trabajado la tierra con mucho amor y respeto. Estamos siguiendo sus pasos, amamos esta finca, nos encanta lo que hacemos, a pesar de las dificultades que uno pueda encontrar en el mercado, y tenemos la intención de transmitir esta pasión a nuestros hijos«, explica Aliss Hartmann
Hartmann consta pues de varias pequeñas fincas y parcelas que cubren en total 80 hectáreas, todas situadas entre 1.300 y 2.000 metros sobre el nivel del mar, con casi 100 hectáreas de reservas forestales parcialmente situadas en el Parque Nacional de La Amistad, refugio para innumerables especies animales entre ellas más de 280 especies de aves (el Instituto de Investigación Tropical Smithsonian ha realizado investigaciones aquí durante varios años y que se han escrito muchos trabajos científicos sobre la finca). La ubicación y el entorno de la finca son muy complicados, con temperaturas frías por la noche, mucho viento y lluvia procedentes del Atlántico a través de las montañas que dividen Panamá. Este entorno natural contribuye añadiendo capas de sabor a sus cafés.
La finca se ha hecho famosa mundialmente por su enfoque hacia la preservación del ecosistema. Los cafetos crecen bajo la sombra protectora de los árboles autóctonos de la selva tropical. Los Hartmann intentan no talar árboles, replantan siempre con autóctonos y plátanos para mantener el ciclo natural y un suelo y fauna saludables con el doble propósito de conservar su amado terruño para las siguientes generaciones y mantener a largo plazo un ciclo de calidad en la producción de café. La gran cantidad de hojarasca que generan estos árboles se convierte en humus que fertiliza el suelo.
Desde hace décadas que no se han utilizado pesticidas en Finca Hartmann. El objetivo, como decimos, es el cultivo sostenible de café de alta calidad con respeto a la selva tropical. Toda la clasificación antes del beneficiado se realiza manualmente y se utilizan las cerezas no conformes como fertilizante orgánico. La plantación cuenta con abundante agua natural y el cultivo en la selva lluviosa minimiza el impacto ambiental.
«Mi padre siempre vinculó la producción de café con la conservación del medio ambiente» dice Ratibor Hartmann
Unas 200 familias de la etnia indígena Ngöbe regresan cada año a Hartmann para hacer la temporada de recolección, también porque les gusta su visión: trabajar junto a la naturaleza, trabajar la tierra sin destruirla. Panamá es un país relativamente próspero en América Latina, con el salario mínimo más alto de la región. La familia Hartmann valora un ingreso digno y un buen entorno y alojamiento. En realidad, son diseñadores de café. para sus trabajadores. La plantación emplea regularmente a unas 35 personas.
Además de las variedades autóctonas panameñas, la familia Hartmann, también pioneros en experimentación experimenta con nuevas variedades que antes no estaban presentes en Panamá como Wush Wush, Chicho Gallo, SL28 o Borbón rosado. Buscan terruños específicos en su finca para que cada uno de estos cafés pueda dar la máxima expresión aromática y gustativa. Asesoran a caficultores de su entorno y otras zonas de Panamá. Los Hartmann son diseñadores de café.
22,50 € – 90 €
Envío gratuito a partir de 40€ de compra. (Península y Baleares)